WILD WILD LOVE Capítulo 6 Final

Wild Wild Love—¿Te encuentras bien? —preguntó una delicada voz femenina.

—Angeline… ¿Qué…?

Tony Bill permaneció de pie en el umbral de la puerta mientras su hermana entraba en la enfermería, saludó a Ricky inclinando la cabeza con rictus serio. En el instante en el que Fe se volvió, la frialdad que desprendían los ojos verdes de Tony la paralizó.

—Tú debes ser Fe —exclamó Angeline, adelantándose para darle un beso en la mejilla con familiaridad—. Tony me ha hablado mucho de ti.

Tony permanecía rígido como una estatua con la vista clavada en el suelo. Angeline se aproximó a la camilla con paso decidido para inspeccionar de cerca al herido, y Fe aprovechó para escabullirse hasta el rincón más opuesto del cuarto.

—Estás magullado —observó la hermana de Tony, con esa boquita que a Ricky le pareció celestial—. Lo has hecho muy bien, vaquero —musitó con dulzura.

Ricky se sonrojó, ahora sí que empezaba a marearse. Angeline, ¡su Angeline!, estaba allí, sentada a sus pies, con esa cara preciosa…

—¿Has venido para ver el rodeo? —balbuceó, atribulado como un chaval.

—He venido a verte a ti.

En la enfermería se instaló un embarazoso silencio. Fe no sabía hacia dónde mirar, quería salir de allí pitando, pero Tony …, Tony ya no estaba.

—No hemos podido venir hasta pasados unos días desde el entierro —declaró Angeline, y sus ojos se humedecieron.

—¿Entierro?

La hermana del cowboy pareció desconcertada.

—¿No lo sabías? Ricky, mi padre ha muerto.

La noticia cayó  sobre los presentes como un jarro de agua helada. El primo miró de reojo a Fe, que trataba de procesar en su mente la información que acababa de escuchar.

—Papá estaba muy enfermo —continuó Angeline—, me lo dijo aquel día en el aeropuerto. No quería que Tony lo supiese, el orgullo lo acompañó casi hasta el final. Había sufrido dos infartos en los últimos meses, pero testarudo como era, creyó que nada podría con él. Esta última vez debió adivinar que no lo superaría y lo mandó llamar.

—Lo siento, Angeline —expresó Ricky respetuosamente; era lo propio en momentos así.

Después del rodeo Fe regresó al bar abrumada, atormentada y sintiéndose egoísta, a raíz de las últimas revelaciones. Ricky ya estaba en la cabaña, con el pie como un botijo, pero con una sonrisa bobalicona congelada en la cara.

—¿Cómo se encuentra tu primo, querida? —se interesó Susy.

—Tirado en el sofá, con la pierna en alto. Perfectamente, créeme.

—Tony ha estado aquí… Me contó que el caballo había lanzado a Ricky  a más de diez metros.—Fe guardó silencio—. ¿No quieres saber qué más me dijo?

—Su padre ha muerto, lo sé.

—Lo que no sabes es que Tony, ante lo urgente y repentino de la situación, le pidió a Bob Tucson que, por favor, llamase al bar y nos explicase lo ocurrido. Incluso le facilitó el número de su casa en Dallas para que pudiésemos localizarle, si embargo el muy calzonazos debió dejarse convencer por la arpía de Paty Sue y nunca realizó esa llamada.

Fe no podía olvidar la dureza que había visto en sus ojos claros en la enfermería. Y no era para menos, ni siquiera había recibido por su parte una llamada de pésame. « ¡No lo sabía!»

Amaneció al día siguiente con dolor de cabeza pero resuelta a coger al toro por los cuernos. Tony salía de las cuadras cuando se encontró con Fe, a un par de metros de distancia. Se esfumaron todos sus argumentos en cuanto ella lo vio. Se sintió hipnotizada por una gota de sudor que resbalaba por su cuello nervudo. Estaba tan guapo… Sus miradas se encontraron.

—Tony, yo…

—Si me disculpas un momento, quiero lavarme.

<¿Iba a dejarla con la palabra en la boca?>. A lo mejor lo merecía.

Tony se acercó al grifo exterior, hizo un ovillo con la camisa y la lanzó a un lado, después metió la cabeza bajo el chorro de agua fría, frotándose el cuello y el pelo enérgicamente con ambas manos. El agua resbalaba por su nariz, se colaba en su boca y descendía por el cuello, bañando su torso fibroso. Se sacudió varias veces para antes de secarse con una toalla. Acabado el seductor ritual caminó hacia ella con deliberada lentitud; la tierra crujió bajo la suela de sus botas de cuero.

—Siento lo de tu padre Tony, de verdad. No lo…

—Lo sé.

—Quería disculparme también por lo que te dije la noche antes de que te marchases. Luego fue todo tan extraño, supe que os habíais ido juntos, y bueno …

—Podías haber confiado un poco más en mí, ¿no crees?

Fe bajó la mirada, avergonzada.

—Era evidente que vosotros dos … La pelirroja y tú…  Reconozco que me dejé llevar por los celos.

—Paty no significa nada para mí. Nos conocemos desde hace años. No es mala chica, aunque esta vez se ha pasado de la raya.

Hubo un momento de incierto silencio en el que Tony se dedicó a estudiarla detenidamente.

—No quiero que terminemos así –Fe tragó saliva y lo miró a los ojos sin titubear, buscando una reacción por su parte —, quiero decir, enfadados.

La tensión regresó al rostro de Tony.

—Por supuesto.

—¡Tony, tienes una llamada! —informó uno de los muchachos, asomando la cabeza por una ventana de la casa grande.

—No quiero robarte más tiempo, debes tener mucho trabajo pendiente. Te deseo mucha suerte, Tony –declaró Fe, mientras acortaba la distancia que los separaba para despedirse, como dos buenos amigos, con un beso formal.

Se aproximó y lo besó en la mejilla, estaba húmeda y fresca. Cuando iba a retirarse notó la presión de su mano en la cintura, reteniéndola. Con un roce liviano Tony frotó su mejilla contra la de Fe. Poco a poco, sin prisas, sin ganas, se fueron separando y ella comprendió que había llegado el momento de la verdad: O todo o nada.

—Adiós, Tony.– Fe echó a andar, apretó los puños con el corazón a punto de saltar por la boca. Cada latido marcaba la cuenta atrás.

—¡¿Esto termina así?! ¿Sin más? –estalló Tony— Fe se detuvo pero no se volvió—. Joder, Fe… ¡Me siento como un puto hombre objeto!

Fe se contuvo para no darse la vuelta. Le entraron una ganas incontenibles de reír y de llorar, todo al mismo tiempo; y también de comérselo a besos, pero no se iría de allí sin lo que había venido a buscar: certeza.

—Por favor, mírame… —rogó con un hilo de voz—.  Dime que esto es lo que quieres, porque yo no lo creo y tampoco es lo que quiero. ¿De qué tienes miedo, Fe?

Ella cerró los ojos y soltó el aire que la había estado asfixiando, al oírlo sintió un alivio indescriptible: él tampoco quería un final. Se dio la vuelta y lo miró a los ojos, tratando controlar la emoción que la embargaba, preparándose para hacer frente a su propia debilidad.

—Tenía miedo de que no sintieras lo mismo que yo siento por ti.

—Fe…

Tony salvó la distancia que los separaba y la abrazó apasionadamente. La alzó del suelo y, entre fieros besos, se confesó mientras la llevaba  a los establos.

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—¡Ay!  La paja pincha —exclamó apenas una hora después. Tony se rió con ganas. ¿Nunca habías hecho el amor en un pajar?

—Pues mira, no, pero estoy segura de que tú sí.

—Te equivocas, puede que haya echado algún polvo que otro entre la paja, pero si no recuerdo mal creo que es la primera vez que hago el amor. ¿Te queda suficientemente claro o tengo que demostrártelo otra vez? —Por supuesto, ella se derritió—. Fe, no quiero malentendidos entre nosotros. No me he acostado con Paty ni con ninguna otra desde que te conocí.

—Siento haber desconfiado de ti. Me duele no haber podido acompañarte en los malos momentos.

—¿Sabes?, después de todo fue duro despedirme de mi padre. Al principio no tenía ganas de hablar con nadie, luego esperé durante días tu llamada, necesitaba escuchar tu voz y te echaba de menos, pero tú no llamaste y no quería dar mi brazo a torcer. Deseaba pedirte que vinieras—susurró, besándola detrás de la oreja —pero no sabía si todavía estarías enfadada y no quería arriesgarme, menudo genio te gastas…

—Lo hubiese hecho, Tony —admitió Fe—. Te confieso que estaba cabreada en un primer momento, y decepcionada después. Como habíamos discutido pensé todo había acabado…

—Tú querías discutir, Fe —matizó Tony, pausando sus caricias—. No me diste la oportunidad de explicarme. Después, cuando llegué al rancho, mi hermana ya había llamado dos veces. Mi padre había sufrido un nuevo infarto y los médicos decían que era cuestión de horas. Había pedido verme.

—Hiciste lo correcto… Te ves cansado.

—Han sido días complicados para todos. El entierro, la familia, el papeleo. Todavía quedan muchos asuntos por resolver, debo regresar mañana por la mañana.

—¿Tan pronto?

—Sí —afirmó, dejando caer un beso suave en la barbilla—. Las cosas han cambiado. En estos momentos  no puedo dejar solas a mi madre y a Angeline, alguien debe ponerse al frente de las empresas y tendré que mudarme a Dallas.

—Desde luego, lo entiendo .— En verdad fue como recibir un puñetazo en el estómago.

—Quiero que vengas conmigo, Fe, te pido que lo intentemos. Empezaríamos una nueva vida, juntos. ¿Lo harás? Te necesito a mi lado…

Mirándolo a los ojos, Fe supo, en ese instante, que lo seguiría al fin del mundo si él se lo pidiese.

—Lo has cambiado todo, vaquero —confesó antes de besarlo.

—¿Eso es un sí?

Fe asintió y, pese a la tristeza y al cansancio, una chispa de felicidad e ilusión afloró a los ojos del hombre al que amaba tanto.

—Tienes que saber que serás una mujer observada .—La besó—. Envidiada. —ella le devolvió el beso—.  Asquerosamente rica .—Se besaron los dos.

—Esto último, creo que podré soportarlo… —Bromeó Fe, dando rienda suelta a la pasión y, por segunda vez en la mañana: ¡revolcón en la paja!

TRES MESES DESPUÉS …

—Ellen, por favor, no quiero copas vacías. ¡Ah! y que nunca falten canapés. Que sirvan  vinos y champán continuamente.

—Sí señorita Fe, como usted disponga.

En la mansión todo estaba preparado para la fiesta. Bajo la sombra de dos grandes carpas blancas, mesas y sillas con elegantes mantelerías y lazadas de organza, formaban un cuadro bucólico enmarcado por docenas de plantas exóticas. Tony había pedido que instalasen un equipo de sonido en el escenario, montado sobre el césped junto a la piscina y la cascada natural.

—Señorita, ¡han llegado¡ ¡Ya están aquí! —chilló Ellen— ¡Sus amigas!

Fe atravesó las puertas del jardín tan deprisa como el largo del vestido le permitía. Lo había recibido envuelto en una preciosa caja esa misma mañana; era otro regalo de los regalos de Tony, un caro y divino Dior de seda plisada. Le hubiese gustado acompañarlo al aeropuerto para recibir a sus amigas y  familiares, pero Tony la había convencido para que se tomase un respiro mientras él recogía al grupo en el aeropuerto, que llegaban desde España en vuelo privado. Las limusinas estacionaron en la entrada principal. Se armó un gran revuelo de besos y abrazos, risas, lágrimas de júbilo y felicitaciones. Fe no tenía muchas amigas íntimas, pero allí estaban las que de verdad le importaban y con las que había mantenido el contacto a través de los años.

—Señoritas —interrumpió Tony—, os dejo para habléis de vuestras cosas. Por favor, sentíos como en vuestra casa, sois nuestras invitadas de honor. —Antes de marcharse, el cowboy  agarró a Fe por la cintura y le plantó un sonoro beso que casi la hizo tambalear.

—Pásalo bien, princesa. Voy con el tiempo justo para recoger a tu primo, no quiero ni pensar en lo que nos espera…

Fe no tenía ni idea de lo les habían preparado a Tony y a Ricky  en su fiesta de despedida de solteros, pero siendo Revés el encargado de organizarla, sospechaba que debía tratarse de algo muy sucio.

—Disfruta tú también .—Metió la mano en la trabilla del pantalón y tiró de él para devolverle el beso.—Pero ni se te ocurra dejarte sobar por ninguna guarra… —murmuró entornando los ojos.

Las chicas observaban la escena boquiabiertas. Cuando Tony se marchó la rodearon.

—¡Esto parece sacado de una novela de Mcnaught!  —dijo una.

—Todavía no nos hemos recuperado del impacto de ver a Tony en el aeropuerto. ¡Caray, Fe! Estábamos apostando sobre si el chico sería modelo o actor de cine, y de repente empieza a caminar hacia nosotras y se presenta.

—¡Qué guapa estás! —opinó otra—. ¡Chicas, mirad qué pedrusco lleva en el dedo!

Fe se sonrojó y mostró el anillo de compromiso que le había regalado Tony, la noche en la que la llevó a Niágara y le pidió matrimonio.

—¿Le has leído ya la cartilla? ¿Le has dicho que tendrá que hacer la cama, recoger el baño y lavarse los gayumbos? —el grupito estalló en risas.

—Por suerte no voy a tener que pelear con él por esas cosas —afirmó Fe—, ¡tenemos servicio!—Fanfarroneó.

La pareja había planeado una ceremonia íntima, dadas las circunstancias.  Iba a ser una boda doble, ya que Ricky y Angeline decidieron casarse también el mismo día. Aunque la familia todavía atravesaba el periodo de duelo, Tony insistió en que, al menos, celebrasen sus respectivas fiestas de adiós a la soltería. Kristen, su futura suegra (que resultó ser un encanto), su madre y la tía Cordelia, se unieron a la celebración de chicas en el jardín. Brindaron por la novia y la música comenzó a sonar al tiempo que una hilera de camareros despechugados, eso sí,  con pajarita cortesía de Angeline, desfilaron portando chispeantes copas de  champán. En esos momentos su cuñada estaba ocupada celebrando su propia despedida en la ciudad de Houston.

Cuando ya no se esperaban más sorpresas, se presentó un invitado muy especial. Garth Brooks en persona, amigo íntimo de la familia, subió al escenario entre atónitas  miradas y lluvia de aplausos.

—Esta primera canción —comenzó— se la dedica Tony a su futura esposa Fe, con todo el amor de su salvaje corazón.

Y así fue como Fe echó el lazo al buenorro de Tony Wild Bill. Sí, sí..  que también estaba forrado.

FIN

 

Betty Lve

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