WILD WILD LOVE Capítulo 3

Wild Wild Love

Hicieron una paradita en Vernon para repostar, estirar las piernas, y llenar el estómago. Fe estaba un poco inquieta  y expectante ante el destino que la aguardaba. Le resultaba increíble estar tan lejos de su casa. Todo era nuevo a sus ojos, nada había salido como imaginó en un principio, pero estaba resuelta a disfrutar de la aventura de un nuevo comienzo a miles de kilómetros de la seguridad de su hogar.

Revés resultó un compañero de viaje muy divertido. Iba comentando el itinerario en el mapa mientras hacía aportaciones de su propia cosecha, la mayoría inventadas, sobre la famosa ruta 66.  Lo malo era que de vez en cuando, gustaba de echarse algún pedo. El paisaje era luminoso aunque excesivamente plano. En una de las gasolineras donde Fe bajó para ir al baño, había un cartel que advertía sobre el peligro de encontrar serpientes de cascabel.  A primera hora de la tarde llegaron a Cowboys Land.

 

Una vez pasaron el cartel de “Welcome to Cowboys”, la tierra polvorienta sustituyó al asfalto por un ancho camino que llevaba hasta el corazón de la villa. Una rústica señal colocada sobre un tronco de madera indicaba con una flecha la zona de aparcamiento a cielo raso. Hacía un poco de fresco. Dejaron el  Mustang aparcado y preguntaron cómo llegar hasta punto de encuentro. Recorrieron el centro observando a su paso los bonitos edificios construidos con ladrillo rojo y madera, a ambos lados de la calle principal. Las casas tenían porches con balaustradas  torneadas y cornisas de madera; las fachadas, listones pintados en tonos blanco y pastel; las ventanas, colocadas  simétricamente, cuarterones y guillotina. Pasaron un coqueto Hotel y varias tiendas de souvenirs y ropa tradicional, con rótulos pintados a brocha luciendo en las fachadas. Los escaparates lucían camisas a cuadros y pilas de tejanos sobre lechos de paja, además de las típicas botas con grabados y gruesos pespuntes, sombreros de ala ancha, espuelas, cinturones o abrigos de piel vuelta. Olía a carne asada, a especias, y boñigas de caballo. Una casita de madera como la de Laura Ingalls, con tejado a dos aguas albergaba la oficina de información al visitante. Disponían de folletos sobre rutas y actividades a realizar en plena naturaleza: pesca en arroyo, rutas a caballo, avistamiento de aves y animales salvajes, o excursiones al cañón de Palo Duro con la posibilidad de alojarse por uno o varios días en un típico rancho texano.

Cowboys era un lugar  preparado para auténticos vaqueros. El acceso de vehículos a motor estaba restringido en todo el centro. Un par de jinetes a caballo con llamativas botas y ropas de cuero les adelantaron al trote. Doblaron una esquina y se dieron de bruces con una hilera de carretas.

saEl “Bufalos Bar” era el punto de encuentro acordado. Desde fuera se podía escuchar la animada musiquilla. La figura de un gran búfalo de color teja daba la bienvenida al visitante. Ricky empujó las macizas puertas dobles y los tres pasaron al interior. Sonaba una canción country. El bar tenía una sala gigantesca, a la izquierda estaba la barra, de caoba tallada de unos ocho metros de largo con docenas de botellas detrás del mostrador panelando la pared. Había candiles sobre las mesas, colocadas frente a un escenario de tarima con un par de micrófonos, y focos en las vigas del techo preparados para actuaciones en directo. Decoración al más puro estilo country, cuadros con escenas de rodeos colgando de las paredes, y muchas fotografías autografiadas por míticos grupos de música y celebrities que pasaban por el local. Curiosamente, toda la clientela se concentraba en un punto del salón. La rubia de detrás de la barra, una mujer entrada en años que llevaba la camiseta demasiado ajustada, y la tripa marcada por unos jeans efecto longaniza, tiraba cervezas hasta ver la espuma rebosar. Ricky, Revés, y Fe, tomaron asiento en una de las mesas.

La gente empezó a vitorear, silbando y animando mientras agitaban los brazos. La música subió decibelios, la rubia se subió a un taburete para no perder ripio. Ricky y compañía decidieron acercarse al grupo para curiosear abriéndose paso hasta la primera fila. Alguien ofrecía una cerveza XXL a un hombre subido a un gigantesco toro mecánico situado sobre en centro de un enorme colchón hinchable. Era un tipo alto, vestía una camisa roja con ribetes blancos arremangada hasta los codos, jeans ajustados y botas puntiagudas. El vaquero apretó la mandíbula y se caló el sombrero cowboy hasta las cejas, asiéndose a aquella cosa tan firme como le permitía la mano que le quedó libre. Se llevo la jarra a los labios y bebió, comenzaba el movimiento. El público animaba y el bicho se dislocaba mientras el vaquero tragaba y tragaba intentando no derramar el líquido ambarino. La velocidad y las embestidas, arriba y abajo, adelante y atrás, se volvieron frenéticas y la multitud empezó a corear y aclamar al tipo:

— ¡Wild! 
— ¡Wild!
— ¡Wild! 
— ¡Wild!

No había terminado una ronda, cuando algún voluntario ya le ponía otra en la mano. El vaquero montaba y bebía como el puto amo, controlando en todo momento la situación. Era un tipo delgado, pero fuerte y fibroso. Puro nervio y sin duda, experimentado en la monta y doma de bestias. Los vaivenes de vértigo y el ala ancha de su sombrero no dejaban ver su rostro con claridad. Con cada brinco que pegaba el mecánico animal, los muslos del hombre se tensaban bajo la tela desgastada de los tejanos. Parecía que los brazos pudiesen reventar de un momento a otro las mangas de la camisa. Las venas de sus manos y antebrazos se dilataban con cada tirón de las riendas mientras la cerveza las corría como combustible por ellas.

— ¡Ese tío es la hostia! —exclamó Revés, alzando la voz.

— Ya lo creo –respondió Ricky, haciéndose escuchar entre el tremendo jaleo .

— ¿Demasiada cerveza, tal vez? –Ironizó Fe.

La gente coreaba ese nombre una y otra vez:

— ¡Wild!
— ¡Wild!
— ¡Wild!

Con la cuarta giga cerveza el toro dio un giro brusco, elevó los cuartos traseros hasta el cielo, y el sombrero de Wild ,Wild, Wild  salió disparado y fue a estrellarse en toda la cara de Fe. La multitud se volvió para mirar, silbando y riendo como borregos. El bicho paró. El vaquero bajó de un salto y abandonó el círculo con la firme intención de recuperar su sombrero. A Fe le escocía la cara. Sostuvo en sombrero entre las manos, molesta por el golpe y avergonzada por ser el foco de atención. El vaquero se le acercó tanto que un intenso rubor le encendió  las mejillas al sentir el calor que desprendía el hombre después de semejante hazaña. El peso de su llameante mirada, cristalina,  cayó sobre ella. Llevaba la camisa abierta  hasta el ombligo, empapada de cerveza y pegada a la piel; el cabello revuelto, rebelde casi rozándole los hombros  y de un brillante color castaño. Sus ojos eran del verde más claro que Fe hubiera visto nunca. Ojos de cuarzo. Atrevidos. Incendiarios. El hombre tenía la piel curtida.

—Creo que esto me pertenece –afirmó con una voz capaz de doblar cucharillas.

En cuestión de segundos, agarró el sombrero con una mano y con la otra cogió a Fe por la cintura y la estrujó contra su pecho propinándole un contundente y furtivo beso con la boca abierta. La gente estalló en aplausos y silbidos. Alguien dirigió las luces de los focos hacia la pareja y subió aun más el volumen de la música. Ricky y Revés, se quedaron boquiabiertos como dos pasmarotes. Fe consiguió deshacerse de la brida de su abrazo y lo empujó tan fuerte que casi se cae de culo al hacerlo: ¡Había intentado morderle la lengua! Temblaba como un flan, no sabía si de ira o de bochorno. Ricky se adelantó para sujetar a su prima pero ella se deshizo de su abrazo fulminándolo con la mirada,  lo apartó con la clara intención de cantarle las cuarenta a ese sujeto.

¡El muy sinvergüenza había conseguido dejarla sin palabras! ¡A ella! Respiró hondamente… Ellos eran tres forasteros en un bar rodeados de vaqueros borrachos. Tal vez montar el pollo no era lo más prudente. Ricky le habló al vaquero, conteniendo la risa.

— Vaya Tony… ¿Es así como tratáis por aquí a las damas?

Tony miró más allá de la cara de seta de Fe, todavía jadeante.

— ¡Ricky! ¡Grandísimo …!  —Le ofreció la mano y ambos se dieron un fuerte apretón–. Veo que no has tenido problemas para encontrar esto, no te esperaba tan pronto.

Tony se fijó en cómo Ricky rodeó con su mano, de forma afectuosa, el hombro de la damisela y su cordial bienvenida se transformó en puro sarcasmo.

— Al parecer no has tardado mucho en reemplazar a mi hermanita.

A Ricky eso le jodió y el ambiente se volvió un poco espeso. A pesar de las ganas, Fe se abstuvo de intervenir; todavía le escocían los labios y la mano le picaba de las ganas que tenía de soltarle una bofetada.

—Te recuerdo, por si lo has olvidado, Tony, que fue ella la que me dejó. Y por cierto, te presento a mi prima Fe, viene con nosotros.

La suspicacia abandonó el rostro del vaquero y fue reemplazada por una sonrisa traviesa y perfecta que le iluminó la cara.

—Mis disculpas a la dama —declaró, clavando sus claros ojos en los de Fe. Acto seguido  agitó el sombrero con una teatral reverencia. No parecía  muy arrepentido, mas bien todo lo contrario, estaba encantado de conocerse a si mismo.

—Puede meterse sus disculpas por el … —Revés salió al quite.

—Hooola Tony, soy Revés. Trabajé para tu padre durante un par de semanas.

—¿Qué hay Revés? Me alegro de que hayáis venido —afirmó, sin quitarle a ella los ojos de encima. No pensaba escurrir el bulto—. De verdad, no ha sido mi intención ofenderla.

De nuevo todas las miradas se centraron en Fe. Su primo parecía apurado y… en fin, tampoco había sido para tanto, si ese tipo podía proporcionarles un empleo …

—Bueno, ¿hablamos de negocios, Tony? –intervino el primo Ricardo dando por zanjado en asunto.

— ¡Susy! —Tony alzó una mano llamando la atención de la camarera–. Sírvenos algo de beber.

Sentados en la mesa la tensión se fue relajando con un poco de conversación y unos tapones de Bourbon. Tony no volvió a poner los ojos en Fe. Ella le echaba algún vistazo de reojo, con disimulo, de forma inconsciente la vista saltaba hasta los labios del vaquero mientras este hablaba. Ni finos ni excesivamente gruesos: firmes, con el perfil bien marcado. Tony era el capataz en Wild Palo Duro, un ancho de unas 1000 hectáreas situado a las afueras de Cowboys. El Rancho llevaba el nombre del famoso cañón y era propiedad de Bob Tucson, un vaquero retirado y forrado, en la actualidad, que además era el propietario del Hotel y del Bufalos. Tony también era una estrella del Rodeo y el hermano de Angeline. A diferencia de la hermana, Tony no soportaba vivir bajo el yugo autoritario de su padre, el gran magnate del petróleo. Prefirió ganarse la vida por su cuenta, con lo puesto, pero libre. Por supuesto, Tom Bill había renegado de su hijo hacía tiempo, pero él seguía manteniendo contacto con su madre y también con Angeline. Ricky lo había conocido en una de las ocasiones en las que el vaquero fue a verlas a Dallas. Era un tipo duro pero legal.

—En el rancho hacen falta manos, Tucson acaba de comprar otro lote de reses y pronto llegarán oleadas de turistas.

— ¿Hay trabajo para todos? —indagó Ricky.

— A la chica no la quiero en el rancho —afirmó de forma contundente. Y Fe se ofendió.

—Tengo dos manos para trabajar igual que vosotros —aseguró repentinamente sulfurada, captando nuevamente la atención de Tony.

—No lo dudo preciosa, pero tengo algo mejor para ti si te interesa. A Susy le vendría muy bien una ayudante, aquí, en el Bufalos propuso reparando en “sus dos manos”.

Tony era la mano derecha de Tucson en Cowboys, además del rancho, supervisaba y se encargaba de sus otros negocios cuando el viejo estaba fuera. Pensó que Fe sería perfecta para el Bufalos; una cara mona, un melena estupenda y un par de razones que atraerían a la clientela como las moscas a la miel. Además tenía carácter, de eso estaba seguro. Después de comerse unas hamburguesas  y con el estómago lleno, se instalaron en una de las cabañas del complejo para turistas adosado al rancho. La cabaña era muy cuca, hecha con troncos de madera y piedra con vistas a las colinas. La cocina era  pequeña pero suficientemente equipada, un solo baño con ducha y dos dormitorios.

—Tendremos que compartir alojamiento hasta que nos establezcamos.

—No me importa compartir la cabaña con vosotros, de veras –afirmó Fe.

—Fe … Si no quieres trabajar en el bar lo entenderé. Le diré a Tony que busque algo para ti en el hotel.

—Poner copas no es tan malo. Pensándolo bien, creo que prefiero servir Bourbon a unos cuantos tipejos que hacerles la cama y limpiar su mierda. Por algún sitio habrá que empezar, mientras paguen.

—Si alguno se propasa… —intervino Revés —,¡le cortamos los huevos!

Ricky carraspeó al recordar el numerito de la tarde al tiempo que su prima se ponía como un tomate.

—Muchas matarían por haber estado en tu pellejo, primita… —soltó Ricky.

—¡Los tíos sois todos unos cerdos! ¿Te parece divertido? ¡A mí no! Y si no lo puse en su sitio fue para evitar que nos partiesen la jeta —concluyó–. Me voy a la cama. Los muy cabrones todavía  se reían cuando Fe calló en las garras de Morfeo.

Su primer día en el Bufalos transcurría sin incidentes. Susy era una mujer muy agradable, coquetona y de carácter dulce, recibió a Fe con agrado y buena disposición. El punto débil de Susy, según pudo observar Fe, eran los caballeros. Su voz se volvía muy melosa y su actitud y expresión corporal eran las de una gatita mimosa en cuanto se le acercaba una bragueta.

—Las botellas abiertas aquí –le explicaba–. Las vacías en ese cubo. En esta cámara están los refrescos y en esa leja de arriba están las incendiarias.

— ¿Incendiarias?

—Así llamamos aquí a las bebidas fuertes, ya sabes … solo para vaqueros.

—Para vaqueros ¿como Tony? Seguro que alguna botella lleva su nombre —ironizó.

— Tony es un vaquero de los pies a la cabeza, no lo dudes, pero es más de cerveza y algo de Bourbon. Debió dejarte seca el otro día —rió la rubia por lo bajini.

—Se comportó como un gallito de corral y un patán. Por lo visto pasar el día entre vacas lo vuelve todavía más bruto.

Susy sonrió picarona mientras sacaba brillo a las copas; introducía el paño y lo hacía girar en una rotación firme y profesional de dedos y uñas infinitas pintadas de rojo putón

—Si yo tuviese veinte años menos …, un ejemplar así no se me escapaba. ¡Ya puedes jurarlo!

Fe prefirió hacerse la loca; que era guapo no se podía negar. Probó a servir cerveza con el serpentín, creyó que aquello estaba estropeado y que en realidad no había otra cosa sino espuma en barril, pero a las quinta o sexta tirada la cerveza caía limpia y ambarina, con la espuma  justa en el interior de la jarra. En el Bufalos se servía comida rápida: hamburguesas con patatas, sándwiches, chili con carne y huevos a la ranchera, que eran la especialidad de la casa. Eso se le daba mucho mejor, en cuanto ojeó los escuetos menús le vinieron a la mente unas cuantas mejoras. Recordó entonces sus clases en el centro social, su pueblo y a su madre. Pondría todo de su parte para adaptarse a su nueva vida. A media mañana el chaval de los recados pasó a recoger el pedido para la tienda, en Bufalos la carne que se servía era fresca y del día. Entró por la puerta con la sonrisa mellada y la nariz llena de pecas, llevando en la mano un paquete envuelto con papel azul del tamaño de una caja de zapatos.

—Esto es para la señorita —informó el muchacho, tendiendo la caja a Susy  pero señalando a Fe.

<¿Un paquete para mí?>

Susy entregó la misteriosa caja a Fe y esperó a que la abriese con suma curiosidad. Sin tener ni pajolera idea de qué podía ser lo desenvolvió con precaución, como si pudiese explotar de un momento a otro. Estudió la caja y levantó la tapa, en el interior había una prenda tipo top, en verdad era un reducido corpiño con los colores de la bandera de Texas. Junto con la prenda venía una nota escrita a mano:

” Espero que sea de su talla. Y de su agrado ” 

Tony

A Fe se le subió mucho, pero mucho, la ceja izquierda. Tomó la prenda con el pulgar y el dedo índice de la mano, como si se tratase de una rata muerta.

— Es mono …  —apuntó Susy, con enérgico aleteo de pestañas .

La cara de Fe lo decía todo.  La rubia le dio la espalda, tomó la balleta y se afanó en frotar la barra en todas direcciones. Fe localizó un bolígrafo, le quitó la capucha de un mordisco y garabateó unas letras sobre la nota.

“Resulta que no es de mi talla.  Ni de mi agrado “

—Muchacho, devuelve esto a quien te lo dio. —El chaval se puso colorado.

—Sí señorita.

—Tal vez la prenda sea un poco atrevida —opinó Susy  mientras sacaba brillo a los cubiertos –pero estoy segura de que puedes sacarle mucho más partido a esa figura, te quedaría ideal algo un poco más sexy.

Ricky y Revés pasaron por el Bufalos a media tarde, la jornada en el rancho comenzaba bien temprano y terminaba al caer el sol.

— ¿Qué tal tu primer día, primita?

Había servido unas cuantas dignas cervezas, preparado unos tantos combinados y, aunque había estado bombardeando a Susy con sus preguntas, la rubia había demostrado que la paciencia era otra de sus virtudes. Se encontraba animada y, a excepción del incidente del regalito, todo parecía ir sobre ruedas. Prefirió ocultó aquel detalle a su querido primo, si Tony no les había hablado del obsequio, ella, voluntariamente, no se prestaría a ser el blanco de las guasas.

—Bastante bien Ricky. ¿Y vosotros?

—En mi vida había visto mierdas tan grandes —exclamó Revés llevándose la mano a la frente—. Anda, sé buena y pon algo de picar a este pobre cuerpo y unas cervezas.

— A Revés lo ha embestido una res y le ha dejado el cuerpo baldado —explicó Ricardo —. Se puso un poco nervioso y cuando quiso echar correr ya era demasiado tarde. Después de un par de revolcones salió pitando, dejando abierta la cerca de par en par… Los bichos han estado correteando por el rancho a sus anchas durante horas.

—Me ha destrozado el rabillo la muy puta.

El Bar empezó a llenarse pasadas las seis de la tarde. Susy le había explicado que en los meses de verano el Bufalos se ponía hasta la bandera y tenían que  contratar más camareras. Acordaron que la jornada de Fe empezase a medio día, así Susy podría descansar unas horas y regresar por la tarde y quedarse hasta el cierre. Era noche cerrada cuando Tony apareció por el local, apenas quedaban clientes. Fe salía de la cocina y vio que Tony venía directo hacia ella, el vaquero traía algo en la mano. Con un golpe seco dejó el objeto sobre la barra.

—Creo que esto será más de su agrado. —Sentenció. A continuación, sin esperar respuesta,  se dirigió al otro extremo de la barra, feudo de Susy.

<¡Un tiesto de barro con un enorme y pinchoso cactus!>

—Susy, preciosa ¿me pones una cerveza y algo de comer?—pidió Tony—. Llevo todo el puto día detrás de cuatro vacas tercas.

Un cactus … Pinchoso. Gordo. Verde. Asqueroso. Tony agarró su cerveza y se sentó con su primo y con Revés en una de las mesas. La rubia encargada entró entonces en la cocina y salió con un par platos con grasienta comida, e hizo un señal a Fe para que los sirviera.

Mierda!>

Fe miró la bandeja como si fuese el enemigo, la cargó y la llevó hasta la mesa que el trío ocupaba, bien sujeta con ambas manos. Fue dejando los platos cuidadosamente, con la vista fija en el tablero evitando acercarse a la silla de Tony, no le fuese a dar rampa, sin embargo, destellos verdes siguieron cada unos de sus movimientos. Ricky y Revés esperaron a que Fe terminase su jornada para regresar juntos a la cabaña. Mientras las chicas llenaban las cámaras y dejaban limpia la cocina y lista para los desayunos de la mañana, Ricky y Revés pegaban unas cuantas cabezadas. Y algún que otro ronquido. Tony ya se había marchado. Entre un trapazo y el siguiente, Fe lo había estado espiando a hurtadillas. Para su sufrimiento,  el vaquero se reclinaba sobre el respaldo de la silla y estiraba la musculatura resentida por las horas de trabajo, de forma notablemente sensual. Después había recogido su sombrero y se había despedido saliendo por la puerta con un “buenas noches señoras”, ignorándola por completo.

Esa noche a Fe le costó coger el sueño. Si se relajaba, escuchaba los ronquidos del par de osos que dormían en la habitación de al lado. Si cerraba los ojos y contaba ovejitas, un vaquero con sombrero y  la camisa abierta hasta el esternón, iba montado encima de ellas …

Continuará…

Betty L♥ve