WILD WILD LOVE Capítulo 2

Wild Wild LoveCuriosamente, lo más difícil había sido decidir qué ropa meter en la maleta. Cuando Fe se decidió a hablarle a su madre de la posibilidad de visitar al primo Ricardo, y de paso quedarse una temporada, fue ella la sorprendida por las palabras de aprobación y apoyo de su progenitora. La tía Cordelia se emocionó tanto con la idea de que su hijo tuviese cerca a un familiar, que se ofreció a trasladarse a casa de su hermana tan pronto como Fe partiese a las Américas. Arreglado el papeleo y las tarjetas de crédito, se acordó que la llegada de la prima fuese una sorpresa para Ricardito.

Fe subió al avión con la ilusión de una niña. El asiento reclinable resultó cómodo y espacioso. Disponía de una pantalla de televisión y menú con películas de estreno a la carta en varios idiomas. La plaza a su derecha seguía libre y eran pocos los pasajeros que quedaban por subir al aparato. Se fijó en el último grupo que entraba, cuando todos hubieron tomado asiento, quedó en el pasillo un sujeto de aspecto acojonante; por lo menos, paquistaní.

< A que va a ser este su asiento…>

Lo era.

El sujeto llevaba un viejo traje de chaqueta marrón y  portaba un maletín de cuero negro al que solo le faltaba el letrero: CONTIENE BOMBA . <Pero ¿ cómo puedo tener tan mala suerte?> Para una vez que salía de su pueblo ¡la tenían que  inmolar! ¿Habría pasado este tipo todos los controles de seguridad? Fe metió la mano en su bolso y agarró un pequeño perfumador. Al menor movimiento sospechoso lo pulverizaría hasta cegarlo, y a gritar como una posesa.

—Va ugzte a Tejagz.

Casi se caga viva en el asiento de piel sintética.

—A-a Dallas.

—Dallaz … Petrogleo. Un hegmano de mi egzposa vive en Dallaz. Bueno, ahogra egz mi ex.

Dos horas después del despegue…

—Yo la agmaba. La agmaba taanto. Se acogzto con todog mi prigmoz

—No se ponga así Josel, ella no merece sus lágrimas.

—Me dejo zin nada. Ze lo quegdó todo: la cagsa, eg coche, log niño. Todo.

— Azafata por favor, sírvanos un par de whiskies.

—¡Og! No, yo no bebo alchojol.

—No se preocupe, Josel, en sus circunstancias no es pecado. Créame si le digo que ya no quedan hombres como usted.

Para descanso de Fe,  Josel se quedó roque después del combinado. La falta de costumbre.

A las 14:00 hora local, el aparato tomaba tierra en el aeropuerto Dallas Forworth. A su llegada a la terminal Fe se dirigió a la zona de  control de seguridad con sus bolsas y documentos en la mano; pasó por los escaners y al funcionario se le puso cara de estreñido. Un bufalote con la cintura como una rueda de camión la tomó del brazo y, casi en volandas, la llevó al cuarto de policía.

—¿Qué ocurre, agente ? ¿What happens? ¡Soy Española y decente!

—Su bolso —gruñó el agente, en un perfecto español, aunque con fuerte acento tejón.

A Fe se le pegaron las tripas solo de pensar que el moruno hubiese metido algo en su equipaje de mano. El corazón se le disparó y rebotó contra las costillas cuando el agente bisonte metió la manaza en el interior de una de las bolsas y sacó <¡¿ Una lata de fabada?!> ¡Madre del amor hermoso! Tía Cordelia … Ella debió ponerla ahí de estranjis, a Ricardito le encantaba la fabada. La abuela del anuncio parecía burlarse de ella desde la etiqueta ¿Acaso estaría la vieja en la lista de sujetos peligrosos del F.B I ? ¿Cómo narices no habían detectado el dichoso bote en España? Lo cierto es que en Madrid andaban de cabeza con la huelga de controladores. En menos de dos minutos los de explosivos estaban en la habitación sometiendo al bote en cuestión a cuidadoso examen.fabada Dieron unas indicaciones al bufalote y este abrió el cajón de una de las mesas, sacó una cuchara, y procedió a la cata con precaución. En cuestión de segundos se zampó todo el contenido de la lata, relamiéndose hasta las comisuras. Así, sin calentar y a pelo. <Requisada>, había dicho. Por supuesto, disculpas las justas.

Había llegado el momento de informar a su primo de que tenía visita. Quizá Ricardo pudiese enviar a alguien para que la recogiese en el aeropuerto, o tal vez iría él mismo. Marcó el número que la tía Cordelia le había apuntado en un trozo de papel y, una vocecita al otro lado del aparato le indicó que ese número no se encontraba operativo, o algo así. Decidió que lo mejor sería no perder más tiempo y subir a uno de los autobuses regulares que llevaban a la ciudad. Una vez allí tomo un taxi facilitando al conductor la última dirección conocida de Ricardito.

dallas El taxista era de origen hispano y bastante enrollado. El trayecto resultó impresionante, atravesaron el puente Margaret Hunt Hill sobre el río Trinity, que conectaba la zona oeste con el centro de la ciudad. Dallas era moderna y sofisticada, plagada de altos edificios de puro espejo y cristal,  y a esa hora la actividad bullía en las calles. La gente salía de las oficinas y subían a los taxis, entraban y salían de los comercios, de los restaurantes; había cientos de tiendas, luminosos publicitarios y coches, muchos coches. El taxista le iba indicando la sede de algunas de las más importantes empresas del mundo de telecomunicaciones. El hombre subió el volumen de la radio cuando comentaban una noticia sobre los Cowboys Dallas y un aplastante resultado. El primo Ricardo debía estar pasándolo de miedo en aquella alucinante ciudad, viviría a lo grande. La sofisticación y majestuosidad fue quedando atrás a medida que se desplazaban hacia el sur. Anochecía cuando el taxi se detuvo en la puerta de una edificio de tres plantas, digamos… popular. La fachada estaba sucia y llena de grafitis.

—Hemos llegado, señorita. Son …$$$ —Un crujido, como era de esperar.

—Pero, ¿es aquí? Debe haber un error … Por favor, ¿ sería tan amable de comprobar la dirección de nuevo?

—Sí sí señorita, esta es la dirección que trae usted.

Desconcertada, Fe volvió a llamar al  numero de teléfono de su primo, pero seguía fuera de servicio. Encontró el timbre del piso, chumascado con un cigarro, donde se suponía vivía su primo Ricardo  y pulsó varias. Una mujer de unos sesenta años con cara de pocos amigos, el pelo amarillo con tres dedos de raya gris, y una espumadera en la mano, se asomó por la ventana del primer piso hecha un basilisco.

—Emm …I ´m looking for my…¿Español? ¿Habla usted mi idioma?

—¡¿Qué quiere?! —vociferó la mujer, que también tenía acento tejón.

—Acabo de llegar de España y estoy buscando a mi primo, Ricardo. Esta es la última dirección que dejó a la familia.

—Ya no está aquí. Se marchó hace una semana.

—¿Se ha mudado? ¿ Sabe dónde puedo encontrarlo?

—Lo único que puedo decirle es dónde trabajaba. Mi sobrino está empleado allí, fue él quien le habló del apartamento, aunque no creo que pueda encontrar a nadie a estas horas, seguramente hayan terminado el turno.

Fe hizo un rápido análisis mental de la situación concluyendo que lo mejor sería, dadas las circunstancias, buscar un lugar dónde pasar la noche.

—¿Sabe de algún hotel que quede cerca de aquí?

—Por 20 pavos puede dormir en el apartamento. Hay sábanas limpias y agua caliente.

El “ apartamento” era en realidad un cuchitril de quince metros cuadrados con una única habitación que hacía de salón comedor, cocina y dormitorio; el baño estaba el interior de lo que a primera vista parecía un armario. ¿Habría estado viviendo realmente allí Ricardo? Fe no daba crédito. Nunca en ninguna de sus cartas había mencionado que viviese en un sitio semejante, más bien todo lo contrario: “Moderno y estiloso”. Era cutre, antiguo, feo y deprimente, y estaba en una zona de la ciudad a todas luces poco recomendable. Una bombilla colgaba del techo y la única ventana que había era demasiado pequeña y estaba atascada. Se encontraba tan cansada… La primera parte de su viaje, amenizada por Josel el paquistaní, el episodio policial, el jet lag. No tenía ni hambre. Antes de apagar la luz volvió a marcar el número de su primo. Nada. Empezaba a estar verdaderamente preocupada .

A primera hora de la mañana Fe tomó un taxi y se personó en la empresa donde esperaba le facilitasen alguna pista sobre el paradero de Ricardo. De nuevo, el chasco fue monumental. Había esperado encontrarse ante uno de esos edificios infinitos y resplandecientes en el corazón financiero de la Dallas. En verdad, estaba a las afueras de la ciudad plantada frente a una vieja nave de muros mugrosos de la que salía un olor nauseabundo. Parpadeó varias veces al leer el rótulo amarillento que colgaba de la fachada principal:

Piensos J.R 

La puerta de hierro estaba abierta. Entró, subió por una estrecha escalera, y se encontró con un anciano sentado frente a una mesa oxidada, tenía la vista fija en una revista de tías en bolas.

<Viejo verde>

—Por favor, busco a Ricardo López ¿Podría decirme si trabajó aquí? ¿ Me entiende usted?

El viejo levantó los ojos de la revista, enrojecidos por el alcohol, y miró  a Fe con cara de pocos amigos. Abrió la boca llena de saliva y refunfuñó:—No conozco a ningún Ricardo López…—Su mirada voló hasta los voluptuosos pechos de Fe—. Bueno, tenemos un López…Ricky. Ricky López —afirmó el vejete con la mirada clavada en la delantera de la prima.

—Es español, me han dicho que ha trabajado aquí.

—Sígueme, guapa. Creo que se trata del mismo tipo.

Fe siguió al viejo escaleras abajo y luego a través de un pasillo que desembocó en una gran nave con maquinaria y docenas de palés. La pestuza y el ruido eran insoportables. Pasaron por delante de varios operarios, el viejo hizo un alto en el camino.

—¡Ricky! ¡Aquí hay una maciza que pregunta por ti! ¿Qué has hecho?, ¿ la has dejado preñada?—voceó el hombre, tras lo cual emitió una sonora y gargajosa carcajada .

Ricardo, Ricky, salió de entre un montón de desperdicios y se quedó rígido como un cartón.

—¿Fe?

—¿Ricky?

En un primer momento la vergüenza pudo más que la sorpresa. Ricardo abrió tanto la boca y se puso tan colorado, que Fe se sintió violenta y hasta culpable por no haber avisado. Él Llevaba puesto un mono azul de trabajado sucio y raído. Estaba más delgado de lo que ella recordaba, aunque seguía teniendo buena planta .

—Fe… —balbuceó—. ¿Ha-a pasado algo malo? ¿Le ha ocurrido algo a mi madre?

—¡Oh, no!, todo está bien.

—¿Qué cojo …? ¿Qué estás haciendo aquí?  ¿Cómo me has encontrado?

—Fui a tu antiguo apartamento y allí me dieron esta dirección. Llegué ayer y te estuve llamando al móvil casi todo el día .

—He cambiado de número.

Fe miró a su primo de arriba abajo, luego, paseó la vista por el almacén con el alma en los pies.

—Ricardo, ¿por qué estás trabajando aquí? Yo creí … Todos creíamos que… —por vergüenza  calló lo que verdaderamente tenía ganas de preguntar.

<¿Desde cuándo nos has estado mintiendo?>

—Es una larga historia, prima –respondió Ricky, despejándose el pelo de la frente con ambas manos en un gesto nervioso. ¿Cuánto tiempo vas a estar en Dallas?

Un gargajo del vejestorio interrumpió la conversación.

—Bueno, ya está bien de cháchara. ¡Aquí se viene a trabajar! Si quieres hablar con la pechugona, hazlo fuera del horario de trabajo —gruñó, y después lanzó el escupitajo a los pies de Fe.

—Cuidado con lo que dices  viejo repulsivo –advirtió Ricardo, apretando la mandíbula visiblemente tenso.

—No te preocupes Ricardo, podemos hablar más tarde …

—¿Cómo has dicho? —Atacó el abuelo, incrédulo,  salpicándolo todo de babas.

—Digo, viejo asqueroso y negrero, que puedes meterte el empleo por el culo, si es que te quedan ganas después de sacarte la asquerosa polla de goma que guardas en el cajón de tu mesa .

Fe se llevó una mano a la boca, a punto de reír, salir corriendo, y vomitar al mismo tiempo; su primo seguía siendo igual de impulsivo. Frente a la avinagrada cara  de su empleador, que estaba a punto de montar en cólera, Ricardo se quitó las botas y el mono apestoso  y se los arrojó al viejo a la cabeza.

—Vamos Fe. No aguanto esta mierda ni un minuto más.

Vestido únicamente con los gayumbos y una camiseta interior, Ricky abandonó la nave seguido por su prima Fe.

—Bueno, ¿tienes hambre, primita? —preguntó, ya fuera de las instalaciones y con su ropa puesta. Quiero que me cuentes muchas cosas.

Ricardo llevó a Fe en un viejo Mustang, de esos que salen en las pelis americanas y que alguien compra en un solar con banderinesal Ranch cafe, donde pidió unos Texas BBQ sandwiches  y un par de Coca Colas.

—Vaya, vaya, Fe. ¡Menuda sorpresa! Aunque más bien creo que la sorpresa te la he dado yo a ti.

Fe lo miró directamente a los ojos, había llegado el momento de ponerse serios.

—¿Qué ha pasado, Ricardo?

Ricky se pasó de nuevo las manos por el pelo y la sonrisa desapareció de su rostro.

—Verás, primita …

Hablaron durante una hora. Ricardo relató a su prima la causa principal de su actual situación. Como era de esperar, las faldas tuvieron  que ver en el asunto. Hasta hacía pocos meses Ricardo trabajaba para una de las más poderosas Petroleras del estado de Texas. Tenía un puesto ejecutivo, ganaba un muy buen sueldo y vivía , tal y como había explicado a su familia, en un céntrico y lujoso apartamento en una de las mejores zonas de la ciudad. Coche nuevo de empresa, tarjetas de crédito, teléfonos, viajes. Todo iba a las mil maravillas hasta que su primito puso los ojos, y las manos, en la hija del jefe: Angeline .

—Tendrías que verla, prima. –Ricky cerró los ojos mordiéndose ligeramente el labio—. Umm Exquisita –suspiró .

—¿Es que no cambiarás nunca? —señaló Fe—. De verdad que no entiendo a los hombres, ¿eres capaz de perderlo todo por un revolcón? Sigues siendo un picha floja.

—De veras, prima: me volví loco por ella. Y ella por mí. Pero al parecer yo no era lo bastante bueno para el cabrón gordo, engreído, y podrido de dinero de Tom Bill. Cuando su padre lo descubrió …—Ricardo se llevó el dedo índice de un extremo al otro del cuello —se cabreó mucho .

—¿ Y no has podido encontrar un empleo mejor?

—Después de eso, Angeline y yo planeamos fugarnos, pero yo no podía ofrecerle el nivel de vida al que ella estaba acostumbrada y ambos lo sabíamos. El muy cabrón nos interceptó en el aeropuerto y bueno …, ella cambió de opinión .Temía a su padre y supongo que no me amaba lo suficiente. El muy hijo de puta se ha encargado de que no me den ni un puesto de puto telefonista en todo el Estado. Tampoco tenía mucho ahorrado, ya me conoces —confesó con una sonrisa torcida—. Cuando se acabó el dinero … ya lo has visto con tus propios ojos.

—Pero, ¿por qué no nos lo contaste?  ¿Por qué no pediste ayuda? Podías haber regresado a casa.

—No—afirmó rotundamente—. Esto ha sido solo un bache en el camino. No pienso volver con el rabo entre las piernas, al menos eso quisiera conservarlo. –Guiñó un ojo con picardía—. En serio Fe, puedo empezar de nuevo y lo haré.

—Bien, pues entonces seremos dos. He venido para quedarme.

Ricardo entornó los ojos y se recostó sobre el respaldo del asiento asimilando lo que acabada de escuchar, cruzó los brazos sobre el pecho y observó a su prima con atención. Un brillo repentino destelló en el fondo de sus ojos marrones.

—Muy bien primita, pongámonos en marcha.

Ricky se había mudado a un pisito en  uno de los barrios más “animados” de la ciudad. Por el camino llamaron a casa para informar de que el paquete había llegado bien a su destino y  que la sorpresa había sido recibida con gran entusiasmo.

—Ahora vivo en esta parte de la Dallas, comparto piso con un colega que trabajó como recepcionista para la Petrolera. El tipo me cae bien y ahora no tiene trabajo.

—¿También fue despedido?

—No duró ni un mes –añadió Ricky, divertido.

—¡Vaya! Y nos quejamos los españoles de cómo están las cosas allí. ¿También se lió con la hija del jefe?

—No. Durante su primera semana detrás del mostrador se quejaron diez clientes.

Ricky  prefirió no utilizar su propia llave y llamar al timbre anunciando que traía compañía. Su compañero de piso tenía la sana costumbre de andar por la casa ligero de ropa.

—No me interesa —contestó una voz masculina, rápida y cortante, al otro lado del interfono.

—Revés, gilipollas, ¡soy yo! Abre la puerta, traigo compañía…

La recibió un tipo flaco con el pelo rizado cubriéndole parte de la cara, vestido con un pantalón de chándal y una camiseta de American Dad.

—Revés, esta es mi prima Fe, llegó ayer desde España .

—Oh, qué sorpresa. ¿Cómo estás princesa?

—Bien, gracias.

—Fe se va a quedar unos días con nosotros, si no te importa puede dormir en el cuarto libre .

—Por supuesto, por supuesto. Por mí no hay ningún problema. —Más que dispuesto, el nuevo compañero de Fe le echó un ojo a la delantera y agarró las dos maletas para llevarlas al dormitorio que se encontraba al final del pasillo.

—¿Revés?—repitió Fe, lanzando a su primo una mirada interrogante.

—Verás Fe, Revés tiene un pequeño problemita. Y es que … bueno, a veces, si se pone nervioso, no entiende bien las instrucciones. Las entiende justo al contrario, pero no te preocupes, es buena gente.

El apartamento no estaba mal para ser la guarida de un par de leones; disponía de un salón amplio con grandes ventanales y vistas a una animada callejuela, con varios  restaurantes  y locales de ocio. Colocó algunas de sus cosas en el armario del dormitorio de invitada mientras los chicos se echaban una siestecita. Para cenar pidieron pizzas y unas cervezas.

—Voy a darme una ducha —informó Ricky a su prima–. Hay dinero en el primer cajón  de la cocina por si llega la cena, ¿ok, primita? ¿Sabes…? me alegro de que hayas venido.

Fe se permitió relajarse por primer vez desde que había abandonado su pueblo,  dejándose caer en el sofá. Revés salió del bañó recién afeitado, con las greñas rizadas retiradas de la cara peinadas hacia atrás,  y oliendo a loción de afeitar. Se había puesto unos tejanos limpios y  una camisa blanca inmaculada. Revés y el primo Ricky se esforzaban durante la cena por agradar a la nueva invitada contando curiosidades y costumbres de la gente de Texas. Una vez terminaron, Ricky levantó el teléfono para hacer una llamada.

—¡Hola Tony! … Bueno, he estado ocupado. Me preguntaba si sigue en pie la oferta que me hiciste hace unos meses…. ¡Estupendo!, me interesa. Revés, el tipo del que te hablé, ¿recuerdas?, los dos estaríamos interesados… ¿El lunes? ¡Genial! Allí estaremos… Tomo nota. Estoo… Tony, ¿has sabido algo de Angeline?… No importa, simple curiosidad, nos vemos el lunes. ¡Gracias tío!

—¡Tenemos trabajo chicos!—exclamó Ricky satisfecho—. A Revés le resbaló uno de los rizos sobre el ojo derecho.

—¿Tenemos?—cuestionó Fe.

—Bueno, seguro que para ti encontraremos algo, primita. ¡Nos vamos a Cowboys Land!

—¿Que nos vamos adónde?—se quejó Revés.

—A la tierra de los vaqueros, amigo —respondió Ricardo, luego se volvió hacia su prima para guiñarle un ojo.

El lunes, antes del amanecer y con siete horas de camino por delante, Ricky, Fe y Revés, partieron rumbo a Cowboys Land: un pequeño pueblo situado a unos veinte kilómetros al sur de la ciudad de Amarillo, en pleno corazón del lejano oeste.

Continuará…

Betty L♥ve