WILD WILD LOVE Capítulo 1

Faltaban vWild Wild Loveeinte minutos para las nueve. A Fe le gustaba llegar un poco antes de la hora. Una noche fría y desangelada, el viento bufaba con fuerza haciendo que la falda volase  hasta cotas impúdicas. <El viento debía ser varón> pensó. Apretó con fuerza la tela entre las rodillas, tratando de mantenerla a raya, mientras introducía la llave en la cerradura de la puerta. Una vez en el interior se recompuso apartándose de la frente unas mechas de flequillo enmarañado, y se sentó en una de las tres sillas de plástico que había en la zona de espera para poder arrancarse el puñetero chicle de la suela del zapato. Esa era una de las cosas que más odiaba en el mundo: un chicle pegado a una suela. Sobre todo, si la suela pertenecía a su recién adquirido par de zapatos de rebajas. Había tenido que pelear duro por ellos en su última visita a la ciudad, ella, y una rubia con las morritos de silicona se habían abalanzado sobre la mesa de los chollos al mismo tiempo. En el primer día de rebajas no se permiten remilgos; después de un breve forcejeo, un par de miradas asesinas, y un <suéltalo o te suelto>, los shoes lucían espléndidos y elegantes en los pies de Fe. Se estaba calentito dentro, por lo menos en esta ocasión el tufoso conserje no había olvidado encender la calefacción central un rato antes de que las chicas llegasen, como cada martes, puntuales a su clase semanal de cocina en el Centro Social.

—Buenas noches, señorita Fe. —La sobresaltó la estridente voz de Repu, que  recorría el pasillo de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, conduciendo el palo de la mopa como si fuese un un stick de hockey.

—¿Aun está aquí, Repudia?

—Sí. Hoy he llegado más tarde y todavía tengo que vaciar las papeleras y reponer el papel higiénico. Ustedes no se preocupen, el aula está limpina limpina.

—Gracias, Repu. Eres muy eficiente, procuraremos no ensuciar. Ya conoces nuestro lema: “Nosotras cocinamos, nosotras lo limpiamos”.

En efecto, el aula estaba limpina y ordenada. Los pupitres verdes, reciclados del aula de algún colegio por el ayuntamiento, formaban tres filas perfectas y la encimera de granito rosa porriño relucía como recién pulida. Todo ordenado y preparado para la clase: la cocina de gas con seis fogones, la pequeña fregadera, utensilios de cocina, ollas, sartenes, un set de cuchillos… Y la foto tamaño poster de Carlos Arguiñano y el Excmo. Alcalde  D. Abelino Picaflor, tomada el día de la inauguración. A las nueve en punto su  reloj de pulsera emitió un pequeño Bip, y una maraña de faldas y voces femeninas entraron por la puerta.

—Buenas noches, señoras —saludó Fe—. Por favor, vayan ocupando sus asientos —indicó desde el centro del aula mientras se ataba el delantal a cuadritos a la cintura.

—¡Señorita Fe, treinta Brioches con chocolate han caído este fin de semana!—exclamó una de las mujeres desde la primera fila—. Quedaron riquísimos.

—Me alegro mucho Amelia, espero que su familia se lo haya agradecido como usted merece.

—Oh sí, bueno …”Mamá, me dijeron los chicos, la próxima vez en lugar de pepitas de chocolate podías poner monedas de un euro ”

Fe llevaba dando clases de “cocina” en el Centro Social de su pueblo el tiempo suficiente para darse cuenta de que algunas cosas nunca cambiarían. El ama de casa entregada y sumisa seguía siendo un rol muy arraigado entre la pequeña comunidad. Tampoco ayudaba el hecho de que muchas de esas mujeres no hubiesen salido nunca de su pequeño pueblo. En el norte, como en otras regiones, seguían existiendo lugares en los que los hombres trabajaban, las mujeres  se dedicaban a la casa y al cuidado de los hijos y, madres y abuelas criaban y educaban siguiendo las tradiciones, costumbres y directrices que marcaba el  sexo opuesto. <Atajo de machistas> <Hombres>, murmuró Fe con retranca, toda una vida de esclavitud por unos minutos de gustirrinín … Y eso, si se podía encontrar alguno que se entretuviese el tiempo suficiente como para sacarse del todo los pantalones …

—Bien, empecemos con la clase. Como os comenté la semana pasada, hoy vamos a abordar el tema del retrete. En nuestra última clase hicimos una lista de “cosas que no podemos permitir por parte de nuestros hombres”. Mariana, ¿puedes recordarnos a todas cuáles eran esas cosas?

Mariana abrió  su carpeta de cartón con motivos frutales y  sacó una hoja, cuidadosamente doblada, camuflada entre las recetas.

—Uno–leyó en voz alta —: “Humillaciones, faltas de respeto y/o consideración. La mujer es igual al hombre aunque se dedique a las tareas del hogar y no traiga un sueldo a casa”.

—Dos: “Nada de gritos, insultos, mofas, chuflas o chistes machistas”.

Eso, eso –coreó el grupito de sesentonas del fondo .

—Tres: “Totalmente prohibida la falta de higiene. La ducha y el cambio de ropa interior debe ser diario sin importar la época del año, la falta de tiempo o la temperatura exterior. Las uñas deben ser eso: uñas, nada de garras ni moluscos de la ría”.

—Cuatro: “Totalmente prohibido peerse, eructar, esputar o rascarse las partes nobles fuera de las zonas habilitadas para tales menesteres”

—Cinco: “Las relaciones sexuales deberán practicarse de mutuo acuerdo y según las necesidades de ambas partes. Por supuesto, nada de ajo, cebolla o comidas fuertes si estamos pensando en el intercambio de fluidos. Fuera pantalones, calcetines y zapatos, en particular, si se trata del uniforme de trabajo”.

— Seis: “No exceder el número de horas permitidas en el bar. El cómputo de las horas semanales que nuestros maridos pasen en bares, cafeterías u otros lugares de ocio sin la presencia de sus esposas, en ningún caso excederá de tres (A excepción de los trabajadores del ramo de la hostelería. En este caso, consultar )”.

—Siete: “El sueldo se entrega en casa puntual, sin sisas. El hogar es un toma y daca: Yo lavo tu ropa y tu vas al trabajo hecho un pincel. Tú pagas la cuenta de super y yo lleno tu estómago y el de los niños de cosas ricas”.

—Ocho …

Inesperadamente la puerta del aula se abrió y un cogote masculino asomó provocando el pánico entre las féminas. Le siguió un silencio culpable y sepulcral; la mano rápida y resuelta de Mariana escondió la hoja con el listado anti abusos en el regazo.

—¿Han tomado nota de la receta? ¿Alguna duda? —Disimuló Fe—. No olvidéis que el azúcar hay que echarla al final …Buenas noches, ¿desea usted algo, caballero?

—Estoy buscando a mi mujer, Juani.

Juani, que se había quedado muda, saltó como un gamo de su asiento temerosa de que su esposo hubiese escuchado algo indebido. Los esposos salieron al pasillo y aunque cerraron la puerta, la impetuosa voz del marido se escuchaba claramente.

—¡He dicho que vengas a casa ahora mismo! ¡Manolino va cagado hasta las patas y no hay quien aguante la peste!

—¿No puedes cambiarlo tú? No quiero perderme la clase de hoy, vamos a hacer pastel de ciruelas…

—Pastel, el que lleva tu hijo pequeño en el culo. Sabes que limpiar mierda no es cosa de hombres.

—No cariñino pero es que …

—Ni es que ¡ni gaites¡ ¡Estoy harto de que descuides tus obligaciones!

—Yo no descuido mis obligaciones, tú no…

—No te atrevas a contestarme, mujer. Desde que asistes a estas clases andas revuelta y contestona.

Juani apretó los dientes y miró a su marido ciega de indignación, pero finalmente agachó la cabeza y claudicó.

—¡Qué pesado eres!, voy por mi bolso.

Regresó al aula con fingida preocupación, explicándole a Fe que el febril estado de su hijo menor la obligaba a ausentarse.

Esa noche  Fe llegó a casa hastiada y de mal humor. Su madre, que esperaba ansiosa el plato estrella de los martes, puso pies en polvorosa y se retiró a su dormitorio a ver el canal Teletienda. Estaba realmente harta. Tantas clases de liberación femenina encubiertas. Tantos consejos, charlas, reflexiones, conclusiones… Para nada. El caso de Juani no era un caso aislado. Muchas de sus alumnas vivían bajo el yugo opresor del macho alfa y, a la hora de la verdad, acababan cediendo en vez de plantar cara a esos neandertales.  Era casi un milagro  que los amos del castillo permitiesen a sus esposas asistir a “clases de cocina” pero claro, eran sus gordos estómagos los que terminaban beneficiándose. Al cuerno con los derechos de aquellas que se dejaban pisar, estaba cansada de ser militante en la sombra. Por desgracia, el suyo era un pueblo pequeño y mientras no aprobase la puñetera oposición y consiguiese plaza en otra parte, tenía que morderse la lengua si quería conservar su única fuente de ingresos. Por las tardes, de lunes a viernes, daba clases de apoyo y refuerzo a escolares y, una vez por semana, clases de cocina a sus mamás. Todo, con el beneplácito, patrocinio y desembolso del Sr. Alcalde, que en el fondo era el más machista de todos. Mientras en otros centros del país se impartían clases de igualdad, apoyo o desarrollo para la mujer, en el suyo  se daban clases de cocina, masajes, bordado o corte y confección.

¡Joder, su madre tenía la tele a toda leche!

” Solamente hoy, y si hace su pedido en las próximas 24 hrs , le mandaremos a casa no uno SI NO DOS !! DOS Cleaner Master a un precio realmente interesante …. “

Fe sonrió sintiéndose culpable por espantar a su madre con su mal humor; su madre no lo merecía, la había sacado adelante sola,  y por ella era que Fe no había cumplido su sueño de independizarse y mudarse a una urbe moderna y cosmopolita, repleta de tiendas, centros comerciales y vida social. A la mañana siguiente, Fe salió temprano a comprar el pan y el arreglo para las fabes que cocinaría a medio día. En el mercado, compró fruta y algunas verduras. Pidió la vez en el puesto de pescado de D. Onofre.

—¿Qué le pongo, fermosa?

—Hoy me llevaré unas almejas .

Don Onofre, guante de goma en mano, echó al peso un buen puñado de almejas bien frescas y dirigiéndose al rubicundo cincuentón con el que cotilleaba mientras despachaba al personal comentó:

—No hay nada como una buena almeja, gorda y jugosiña —afirmó el pescadero, clavando su obscena mirada en el generoso y bien plantado busto de Fe.

El rubicundo rabo verde  rió maliciosamente y a Fe le dieron ganas de quitarse las bailarinas y liarse a zapatazos. Cargada con las bolsas de la compra y la revista Elle  entró en el portal de su casa y  abrió el buzón. Facturas, más facturas, pagos, publicidad y … ¡Vaya! una carta del primo Ricardo.

Fe y el primo Ricardo se habían criado prácticamente juntos. De pequeños habían jugado al escondite, a la guerra de la galaxias, a la oca y al parchís hasta hartarse. Él compartía con ella sus coches de carreras y ella, a cambio, le permitía entrar en su reino de princesa. Aquello fue cambiando con la aparición de los primeros granos. Ricardo se dejó llevar por el grupito engreído de gallos del colegio y Fe pasó de ser su compañera de juegos y mejor amiga, a ser del otro bando, el bando de “ las chicas”. Cuando se les pasó el pavo de la adolescencia los primos siguieron manteniendo el contacto por carta. Él se había marchado  fuera a  estudiar ingeniería agrícola y forestal ante la falta de futuro profesional en el pueblo y las ganas de ver mundo; hacía más de tres años que había volado del nido probando suerte al otro lado del charco.

Mientras las fabes se guisaban, Fe puso la lavadora y se tomó un respiro para leer tranquilamente el contenido de la carta:

Mi querida prima:

En primer lugar, quisiera felicitaros el año a ti y a mi tía . Al final no pude ir por Navidad , imagino que ya os lo diría mi madre. El trabajo no me lo permitió, ahora que tengo un cargo de responsabilidad en una importante multinacional, me fue imposible encontrar un hueco en mi apretada agenda. Me va muy bien aquí, tendrías que ver mi nuevo apartamento… tiene unas vistas espectaculares y es todo nuevo y de diseño. Te encantaría prima .

Os echo mucho de menos, sabes que soy fan de tus comidas y me gustaría haber estado allí para la cena de Nochebuena y haberme puesto hasta las patas  de marisco y de pavo relleno, que te sale tan bueno. Aquí la comida tampoco es mala y me puedo permitir  comer en los mejores restaurantes pero ya sabes , la morriña…

¿Sigues dando clases de cocina a esas rancias? Deberías buscarte un novio y marcharte del pueblo. Ya sé que no quieres dejar a tu madre, pero ella se las apañaría muy bien con la mía y juntas se harían mutua compañía. Si todo va bien, quizá pueda tomarme unos días libres para ir a veros, pero en todo caso, será después del verano.

Ahora tengo que dejarte, mi secretaria reclama, que por cierto, está cañón.

Por favor, da recuerdos a todos de mi parte y cuídate mucho .

Un beso de tu primo que no os olvida,

Ricardo 

Fe pasó el resto del día dándole vueltas a las palabras de su primo:

Clases de cocina a esas rancias … 
Ella se las apañaría muy bien …
Te encantaría prima …

<¿Por qué no?> —se dijo a sí misma–. El primo Ricardo podría hospedarla al principio. Quizá hasta pudiese ayudarla a encontrar un empleo … Había dicho que trabajaba en una multinacional y hasta tenía secretaria. Su nivel de inglés no estaba mal, al menos escrito, ya que en el pueblo no surgía a menudo la posibilidad de practicar. Si algo no salía bien siempre podría volver a casa. Pero ¿y su madre?, ¿estaría bien? Podría quedarse con su hermana por un tiempo. La extrañaría, sin duda, pero tampoco es que estuviese pensando en marcharse para siempre. Le enviaría dinero…

Definitivamente necesitaba cambiar de aires. Sacó la carta del primo Ricardo del cajón de la mesita y estudió el sobre con detenimiento.

dallas

Un mes después …

 

“Pasajeros del vuelo 6094 de United Airlines con destino Aeropuerto internacional Dallas / Fort Worth, , por favor, embarquen por la puerta 2 ”

 

Continuará…

Betty L♥ve

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