WILD WILD LOVE Capítulo 4

Wild Wild LoveEn los días que siguieron se fue estableciendo una especie de rutina. Ricky y Revés se levantaban al alba para ir al rancho, y Fe, antes de empezar su turno en el bar, ordenaba la cabaña y recordaba las normas de convivencia en escuetas notas pegadas en la puerta de la  nevera:

“La ropa sucia se echa en el cesto del baño”

“No dejar que la leche se pegue en el cazo”

“Una zurraspa más en el retrete ¡Y OS MATO!”

Desde luego ella no iba a hacer de chacha, pero tenía que admitir que ver a los chicos  aparecer  por el Bufalos cada tarde casi arrastrando los pies rebajaba la dosis de regaños. En el rancho sudaban la camisa de sol a sol.  A medio día Fe  tomaba la “diligencia” para ir a trabajar, un servicio de transporte gratuito a disposición de los huéspedes del complejo que cubría el trayecto hasta el centro de Cowboys varias veces al día. La clientela habitual del Bufalos era, en general, educada. Se rifaban las atenciones de la nueva pasando por alto los típicos errores de novata a cambio de una sonrisa y una cerveza bien fría.

El viernes Fe dedicó la mañana a las compras, había perdido peso y necesitaba ropa nueva. Entró en una de las tiendas del centro y compró unos pantalones, dos camisas, y un par de vestidos sexis que  fichó entre las perchas. Le llamó la atención que la ropa interior, de lo más sugerente, compartiera escaparate con botas de cowboy y pantalones tejanos, como reclamo para turistas; no pudo evitar cargar con tres pares de braguitas y un sujetador con encajes de chantilly, le gustaba llevar lencería bonita, aunque solo la viese ella. En uno de los escaparates, el de la tienda de Holly, Fe reconoció el corpiño que le había enviado esa rata de Tony días atrás. Visto así, en el cuerpo del maniquí, no estaba tan mal; se acercó para apreciarlo con más detalle, cosa que no había hecho cuando se suponía de su propiedad, y se quedó boquiabierta al ver el precio que marcaba la etiqueta: 200 $. Sintió una punzada de remordimiento, Tony  había gastado ese dinero en ella para disculparse.  Era un niño rico y sin embargo, se dejaba la piel en un rudo rancho trabajando como una bestia en lugar de vivir a costa de su familia, como hubiera hecho la mayoría en su situación. Él la había estado ignorando durante toda la semana, desde el momento “cactus” no habían vuelto a cruzar palabra. Tony se pasaba por el Bufalos por las noches, pedía a Susy algo de comer  y una cerveza y hasta otro día. Y no lo culpaba. Lo cierto es que ya no estaba enojada con él.

Los viernes por la noche el Bufalos ofrecía música en vivo. En las noticias del canal 43 habían anunciado una ola de frío para el fin de semana, pero eso no parecía influir en la rutina del pueblo ni en la sus habitantes, que acudieron igualmente al local. Fe se había embutido en los nuevos jeans y estrenaba camisa roja a cuadros,  que a duras penas podía abrochar a la altura del pecho. Tony hizo su entrada ataviado con un abrigo de piel, con el cuello de pelo alzado para resguardarse del frío, Fe lo vio entre la gente, estaba muy atractivo. Los focos proyectaron en su pelo brillantes destellos castaños, las puntas todavía estaban húmedas. No pudo evitar imaginarlo bajo los chorros de la ducha: una cortina de agua caliente resbalando por su pecho… Su cuerpo desprendiendo vapor. Tony captó su mirada e inmediatamente ella bajó la cabeza y continuó sirviendo copas. <¿Qué le pasaba? ¿Estaba tonta?>. Él se colocó final de la barra, como de costumbre, y se quitó el abrigo.

—¡Eh guapa! Vaz a bailar conmigo esta piegza —balbuceó un turista pasado de copas que llevaba un buen rato  fanfarroneando delante de sus colegas.

—Disculpe, no bailo en horas de trabajo.

—¿Zabez que tienez unaz tetaz de primera? Vennga…zerá zolo un baile-zito.  Tú y yo … muuy juntitosz.

Fe se retiró de su campo de acción pero el borracho intentó impedírselo sujetándola por la muñeca.

—Amigo, no se pase —le advirtió Fe, poniéndose a la defensiva.

Consiguió  zafarse discretamente evitando hacer una escena, pero el tipo no tenía intención de dejarlo estar y continuó molestando. En un abrir y cerrar de ojos Tony estaba junto al tipejo. Le pasó el brazo por los hombros con fingida sonrisa de colega y, ejerciendo presión, lo atrajo para susurrarle algo al oído:

—Sal pitando de aquí ahora mismo si no quieres que te retuerza el pescuezo. Sin protestas y sin escándalos.

—Tran tran-quilo amigo … Tranquilo –balbuceó, con la cara más blanca que el papel higiénico—. La señorita no baila … Lo pillo. El tipo regresó a la mesa con sus amigotes.

—Puedo arreglármelas sola —afirmó Fe—. De todas formas… gracias.

El tipejo le preocupaba poco, pero nunca se sabe. No había escuchado lo que Tony le había dicho al oído a aquel tío pero lejos de intimidarla, la frialdad que había visto en sus ojos claros  le resultó de lo más excitante. Tony no era el patán fanfarrón que había imaginado, tal vez lo había juzgado a la ligera. Él la miró con fijeza, tenía unos ojos verdes fascinantes.

— ¿Bourbon o tequila? –propuso con decisión, mientras colocaba dos vasos sobre la barra.

— Bourbon para mí —respondió Tony.

No había forma de mantener el pulso firme con aquellos ojos siguiendo cada uno de sus movimientos. Tony levantó el vaso con el licor. Fe lo imitó.

— ¿Por un nuevo comienzo?—propuso él.

—Por un nuevo comienzo—brindó ella.

La sonrisa cálida y sincera de Tony calentaba más que cualquier licor. Fe sintió cómo el tequila le quemaba la garganta a su paso, el corazón se le expandía en el pecho ante la directa mirada de Tony. Él dejó el vaso encima la barra y no pudo evitar posar los ojos en su delantera, que lo había estado hipnotizando desde que la viera  al cruzar las puertas.

—Estos pijos de Nueva York no saben beber —comentó–. De vez en cuando se deja caer algún estúpido como ese. Bueno, cuéntame ¿qué tal tu primera semana, vaquera?

— Me gusta —confesó—. Susy es un encanto, se está portando muy bien conmigo y …

—Vaya, ¿se celebra algo?—El primo Ricardo nunca había tenido el don de la oportunidad.

—Hola primo. Revés…

— ¿Qué hay Ricky?

—¡Tíos, fijaos en la morena del vestido azul! —exclamó Revés—. ¡Guauuu!  Tiene un culo impresionante.

Fe les dio la espalda mientras llenaba un par de cuencos con palomitas, disimuladamente echó un ojo a la culo prieto, momento que Tony aprovechó para estudiarla a ella a placer.

—¡Buenas noches! —El sonido del micrófono se acopló y emitió un molesto pitido desde el escenario—. Es un placer tocar esta noche en aquí, ¡¡en el Bufalos de Cowboys Texas!! Hace mucho frío ahí afuera  ¡¡¿ Queréis entrar en calor?!!—preguntó el solista, guitarra en mano.

— Siiiiiiiii— respondieron los clientes.

— ¿Cómo?¡No os oigo pandilla de maricas! ¡¡¿Queréis entrar en calor?!!

— Siiiiiiiiiiiiii

— ¡Tío yo ya estoy muy caliente! —gritó Revés, y la gente rompió a aplaudir y a silbar.

— ¡Música, Bufalos! ¡¡Empezamos!!

Fe y Susy no daban abasto sirviendo copas, la gente estaba muy animada esa noche y la música en directo sonaba genial. Ricky y Revés revoloteaban en torno a culo prieto conspirando como dos adolescentes. Tony se había sentado en una de las mesas con otros vaqueros del rancho, disfrutó de la música y bebió como los demás,  pero sin perder de vista lo que sucedía al otro lado de la  barra.

Las cosas marchaban bien. Cowboys era un reclamo turístico con sus calles repletas de vaqueros, bares y tiendas con vistosos escaparates. No era la gran ciudad en la que había soñado establecerse pero en este momento de su vida podía ofrecerle lo que necesitaba y, de momento, el cambio de aires le estaba sentando genial. Muchas de las ideas dispersas  que deambulaban por su cabeza iban encontrando su lugar y únicamente pensaba en el futuro a corto plazo. Los días pasaban con rapidez, ocupada como estaba apenas tenía tiempo para reflexionar. Esa tarde se pondría el vestido corto, le apetecía verse bien. Por ella; para él. Eran más las miradas furtivas que se dedicaban que las palabras, pero Fe se percataba de que desde que Tony entraba por la puerta estaba tan pendiente de ella, como ella lo estaba de él . Se mostraba agradable y educado, incluso prudente. La mayoría de noches se quedaba en el bar  hasta el cierre.

El sábado de la siguiente semana había llenazo total en el Bufalos. Su primo y Revés se habían quedado en la cabaña tirados en el sofá con tremendo resacón; el cansancio acumulado a lo largo de la semana y la juerga del viernes noche pasaban factura. Luci Parton y su grupo ” Muerde el polvo” sonaban cojonudamente. Las letras de sus canciones, ácidas y atrevidas, enardecían al personal. Tony se encontraba en el bar, Fe lo había localizado entre un hervidero de cabezas, en ese momento hablaba con un tipo.

—¡Ehhhh, camarera! ¡Esa cerveza era para mí! —protestó un gordinflón, que llevaba puesto el sombrero que le quedaba como el culo.

—El vaquero estaba primero, amigo –tronó la voz de Susy alzándose entre el barullo–. ¡Tranquilos que hay para todos!

Una nueva avalancha de clientes se amontonó en el mostrador reclamando ser atendidos. Tony se abrió paso entre la gente y, apoyándose sobre una mano con un brinco ágil saltó al otro lado de la barra. Cogió seis vasos de tubo, añadió hielo en cada uno y se los pasó a Fe. A continuación voló hasta el serpentín llenando una jarra tras otra de cerveza. En ocasiones chocaban; Tony le quitaba la botella vacía de la mano y la lanzaba encestando en el cubo del reciclado. Fe se despistaba continuamente compartiendo el reducido espacio con él, que como barman se desenvolvía con agilidad. A las tías las volvía locas, eso engordaría la recaudación. Después de la primera frenética hora el ritmo disminuyó, hubo incluso tiempo para tomar un pequeño respiro.

—¿Cansada? –preguntó Tony con una sonrisa cómplice.

— Creí que nunca se despejaría, ¿haces esto a menudo?

— Si es necesario…

— Se te da muy bien –confesó Fe, con una coqueta sonrisa.

— Se me dan bien muchas cosas.—Abrió una de las cámaras y sacó dos un par de refrescos.

— ¿Echamos un trago?

A las dos de la madrugada el local por fin estaba vacío. Tony pasaba por delante de Susy arrastrando una pila de cajas hasta el almacén.

— Estoy rota —murmuró Fe dejándose caer sobre un duro taburete.

— ¡Yeah! Menuda pasta hemos sacado esta noche —confirmó Susy —. Chicos, dejadlo todo como está, mañana por la mañana vendrán a hacer limpieza general.

— Tony …–sugirió la rubia utilizando un tono sospechosamente “casual “—, ¿podrías llevar a Fe a  su casa?

— Susy…—regruñó Fe sonrojada.

— Voy al rancho, me pilla de camino —respondió Tony.

Fe subió a la camioneta más tiesa que un palo. Él metió la llave en el contacto y la contempló advirtiendo de su rigidez.

— No muerdo, ¿sabes?… A menos, claro está, que tú me lo pidas.

— Tampoco te pedí que me besaras y lo hiciste.

— Eso fue distinto, demasiada cerveza —admitió desviando la vista hacia el frente—. No sabía quién eras .

Arrancó la camioneta y puso en marcha la calefacción. La madrugada era fría y solitaria de camino al rancho. Conectó la radio, la música ahogó el ruido del motor.  Cuando llegaron a la puerta del complejo Tony paró el vehículo, inclinándose ligeramente apoyó las manos en el volante, en el más absoluto silencio.

—Gracias –balbuceó Fe–. Por todo —añadió—. ¿Trabajas mañana?, es domingo …

—Mira, te lo voy a decir claro. Me gustas.

<¡Arritmia ventricular!>

La pilló desprevenida. ¿Qué se supone que debía contestar? <¿ A mí también me gustas ?>.  Y además, era verdad. De pronto tuvo sed. <Recuerda Fe, todos los hombres buscan lo mismo, en España, en Texas, o en Pekín>.  ¿ Y luego qué? No quería que pensase que ella era un rollo fácil, no era el tipo de chica que se liaba con un tío a la primera insinuación… Aunque lo estaba deseando, para qué engañarse. Ante la ausencia de una respuesta a su pregunta directa, Tony bajó del coche y le abrió la puerta; sería un ardiente vaquero, pero igual sabía ser paciente si la ocasión lo merecía.

—Verás, Tony…

—Tengo trabajo para mañana —interrumpió él —, ¿te apetece venir?

— ¿Al rancho? —preguntó sorprendida.

— Sí, ¿has estado antes en alguno?—Fe negó con la cabeza .

—Los fines de semana hay visitas guiadas para los turistas, pero no empiezan hasta las doce.

Apenas había luces encendidas en el complejo, sus ojos verdes parecían pardos en las sombras, su cuerpo fuerte y delgado envuelto en sombras esperaba  apoyado en la camioneta.

—Me apetece mucho —confesó Fe.

—Te recojo a las diez , ¿te va bien?

—Perfecto. 

Te recojo a las diez… Huelga decir que esa noche Fe no pegó ojo. Desde que había llegado a Texas se estaba volviendo blanda con el género opuesto. Convivía con dos hombres, en ocasiones desastrosos, trabajaba en un bar lleno de vaqueros que exudaban testosterona y encima ahora suspiraba por uno en concreto al que cada vez  encontraba menos defectos. <¿Un tórrido romance con Tony Wild Bill ?  ¿Por qué no?>. Tenía derecho a divertirse un poco, sin complicarse, como hacían ellos. La sensación de sentirse viva y las ganas de reír que la inundaban a cada momento le decían que podía valer la pena jugar. Me gustas… ¿Y si solo se trataba de sexo? Intentaría no implicarse emocionalmente, como estaba segura  de que haría él. ¿Estaba yendo demasiado lejos? <Relaja Fe, tan solo ha dicho que le gustas>.

texas

Unos minutos antes de las diez  Fe escuchó el ruido de un motor afuera.  Ojeó a través de la ventana de la cocina y vio a Tony esperándola en el interior del camioneta. Apenas había conseguido dormir un par de horas seguidas, se había duchado y aplicado una buena capa de milagroso maquillaje. Jeans elásticos, botas cómodas, un jersey de lana rosa y el pelo recogido en una cola de caballo.  A las diez en punto tocaron a la puerta. Tony se veía fresco y espléndido con una sencilla camisa blanca y unos tejanos. Los tíos estaban hechos de otra pasta: su mata de pelo brillaba limpia bajo la luz de la mañana y el verde cristalino de sus ojos le robaba el aliento. Algo bueno tenía que haber hecho para merecer eso, desde luego no pensaba protestar.

— Buenos días —saludó Fe.

— Buenos días, ¿has dormido bien?

— Tan bien como se puede dormir con los ronquidos del rey de la selva.

— ¿Ricky?

— Revés. Ambos, en realidad.—El comentario pareció divertirle.

Palo Duro era un rancho extenso delimitado por un cerco perimetral hecho a base de tablones de madera. En la entrada había una pequeña caseta con vigilante y un expositor con un mapa enmarcado de la propiedad donde se podían apreciar las distintas áreas: la casa principal, la bodega, las cuadras y corrales, y toda finca en toda su extensión con montículos en forma de lomas en algunas zonas y en otras, terreno irregular; quedaban representados los caminos de paso, las áreas de pasto y agua, y una ruta que comenzaba en el lugar donde ahora se encontraban y que indicaba el comienzo del Tour.

Tony le explicó que los vaqueros realizaban turnos rotativos los fines de semana. En su primera visita la llevó a ver el ganado, le mostró la casa, las instalaciones para los animales y un recinto vallado con pista de tierra preparado para celebrar los famosos rodeos. Hacían falta un par de días para recorrer todos los rincones del rancho. Entraron a los establos,  los caballos vistos de cerca resultaban intimidantes pero hermosos; las cabezas le parecieron enormes, el pelaje brillante y precioso, eran altos, elegantes, y su aliento olía a paja y a heno fresco. Tony abrió una de los boxes y un caballo Appaloosa de color blanco moteado relinchó y acercó la cabeza a la de su dueño,  el animal expandió las fosas nasales y se giró para olisquear a la forastera.

— Texas, te presento a Fe.

El caballo relinchó y pateó. Tony  lo acarició y le susurró algo al oído, con los ojos verdes clavados en Fe.

 —Guapa, ¿verdad?

Fue un momento especial. Fe sintió una oleada de calor  por todo el cuerpo que explotó tiñéndole las mejillas. A continuación, Tony ensilló al caballo y lo sacó fuera del establo tirando suavemente de las riendas.

— Bueno, ¿estás lista para  dar un paseo a caballo?

— ¿Yo? ¡No sé montar! Nunca he estado tan cerca de una animal tan grande —admitió tragando saliva.

—Sólo tienes que subir y procurar mantenerte arriba, del resto me encargo yo .—Su físico le transmitía seguridad y la franqueza en su mirada le decía: <Confía en mí>.

Le guiñó un ojo seductoramente, retándola a hacerlo y después se caló el sombrero. A Fe se le aflojaron las rodillas. Montar a caballo… la idea la atraía con la misma fuerza con que la asustaba, pero la balanza se inclinó del lado de la aventura. Tony la ayudó a subir a la grupa del animal, Fe puso un pie en un estribo y pasó la pierna derecha por el lomo del caballo. El suelo le pareció la metros de distancia. Agarrándose fuerte se preparó para iniciar el movimiento guiada por las hábiles manos de su vaquero. Se sobresaltó cuando Tony montó detrás de ella con una desenvoltura pasmosa,  la rodeó con sus brazos fuertes tomando las riendas y el control del animal.
Ella sintió su calor en la espalda y la solidez de sus muslos presionando sus caderas. Olía de maravilla, no a vaca ni a caballo sino a perfume caro.

— ¿Lista?

— Adelante.— Fe soltó el aire retenido en el pecho y se aferró fuertemente al animal.

El sol le bañaba el rostro, era agradable sentir el calor sobre la piel y la solidez de una espalda masculina. Se fue relajando con el pausado movimiento del animal. Pasearon por los pastos, subieron lomas de suelos arenosos, otras, pobladas de nativa vegetación. Descendieron por un sendero que llevaba hasta un pequeño riachuelo, Tony bajó primero y la ayudó a desmontar asiéndola con firmeza por la cintura. El contacto y no la altura del caballo, le produjo una sensación de puro vértigo. Dejaron que animal descansara bajo la sombra de una arboleda, el insistente murmullo del agua corriendo por el riachuelo acarició sus oídos.

—Esto es precioso .–Suspiró Fe–, apacible y a la vez salvaje.

— ¿Puedo preguntarte por qué lo dejaste todo y viniste a Texas?

— … Necesitaba un cambio.

—¿Viniste aquí para olvidar a alguien?

— No. Vine aquí para encontrarme con alguien, conmigo misma —sonrió con timidez—. ¿Y tú?    ¿Por qué has elegido esta vida? El trabajo parece duro y  Cowboys es un pueblo pequeño.

— Estoy bien así, no necesito más.

— Podrías tener mucho más. Tienes mucho más —señaló Fe.

— Sí—repuso él— Podría.

Tony clavó su ojos en los labios de Fe. Levantó una mano para  acariciarlos rozando con sumo cuidado el borde del labio inferior. Volvió a acariciarla, esta vez  con las pupilas y al dar por concedido el permiso sondeando sus ojos castaños, mordisqueó con suavidad, compensando con pequeños y sutiles roces de la lengua el  brusco beso que le dio la primera vez.  Cuando la respiración se volvió pesada y la urgencia insoportable se zambulleron en un beso apasionado y lleno de ardor. Su sombrero Cowboy cayó al suelo. A Fe no le habían dado un beso así en su vida, hubo una época en el instituto en la que se propuso probarlos todos, pero no recordaba nada igual a lo que estaba experimentando ahora. Se lo tomaron con calma, disfrutando de cada matiz, de cada avance o retroceso como si tuviesen todo el tiempo del mundo por delante. Pero no lo tenían.

—Mierda, va a comenzar el tour… —protestó Tony contra su boca. Siguió besándola un ratito más. Cada vez más hambriento; tenía que parar.

—Yo también tengo que irme, Susy me está esperando.— Tony la abrazó; ella volvió a besarlo.

—Volvamos, pues.

El camino de regreso a caballo fue insoportablemente sensual. Cargado de besitos suaves y sonrisas tontas. La dejó en la puerta del Bufalos despidiéndose con un guiño cargado de promesas.

—Te veré por la tarde.

Fe entró en el bar con una sonrisa de satisfacción estampada en la cara. Su jefa era un auténtico sabueso.

—¿Te ha traído Tony?, cada día aparece por aquí más temprano …

— Oh, sí –afirmó Fe exultante—. ¡Prepárate Susy porque hoy vas a probar el mejor pastel de manzana del mundo!

La tarde se le hizo eterna. A eso de las ocho se encontraba en el almacén y le pareció escuchar un ruido a sus espaldas. La luz se apagó y unos brazos la rodearon desde atrás estrechándola con fuerza. Ella se recostó y apoyó la espalda contra el pecho de Tony, sólido como un poste, y dejó que su cabeza descansase en su hombro, frotándose y ronroneando como una gata contra su cuello.

—Te he echado de menos –se sinceró el vaquero mientras la besuqueaba en la mejilla y buscaba sus labios, ansioso. Los encontró abiertos y preparados, totalmente receptivos y dispuestos para la acometida.

Días de bourbon y rosas. Lotes en la camioneta, besos en el almacén, en el servicio,  en la cabaña. Todos los hombres no eran iguales.

¿Durará?

 

Continuará…

Betty L♥ve

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